prueba
jueves, 16 de junio de 2016
viernes, 29 de abril de 2016
o cual da como resultado el apartarse del pecado y acercarse a Dios.[1]¡Y que apartarse es éste! El arrepentimiento afecta la totalidad de la vida del pecador.
El vocabulario bíblico relacionado con el arrepentimiento es realmente rico. Encontramos el tema del arrepentimiento a través de toda la Biblia y expresa su idea aun cuando no se usa la palabra misma. En el AT, dos palabras hebreas, los verbos nacham y shub son traducidos con frecuencia
como arrepentimiento. The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament (Léxico hebreo y arameo del Antiguo Testamento) por Koehler, Baumgartner, Richardson y Stamm dice que nacham significa: “lamentarse, llegar a deplorar algo, arrepentirse” como en Job 42:6: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.” En su Commentary on the Old Testament(Comentario del Antiguo Testamento) Keil y Delitzsch comentan: “Nachames la expresión exacta de metanoeo, el dolor santo del arrepentimiento del que no se arrepiente. Se arrepiente (sentado) en polvo y cenizas al estilo de los que sufren el dolor profundo por la pérdida de un ser querido”. Con respecto a shub, que significa “volverse”, The Theological Wordbook of the OT dice: “La Biblia abunda en expresiones idiomáticas que describen la responsabilidad del hombre en el proceso de arrepentimiento. Tales frases incluyen los siguientes: ‘inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel’ (Jos. 24:23), ‘circuncidaos a Jehová’ (Jer. 4:4), ‘lava tu corazón de maldad’ (Jer. 4:14), ‘haced para vosotros barbecho’ (Os. 10:12), etc. No obstante, todas las expresiones de la actividad penitencial del hombre se suman y resumen en este verbo único: shub. Porque combina en sí, mejor que ningún otro verbo, los dos requisitos del arrepentimiento: volverse del mal y volverse hacia lo bueno.” Concluyen diciendo: “Es cierto que no hay en el Antiguo Testamento una definición sistemática de la doctrina del arrepentimiento. Mayormente, la Biblia lo describe (Salmo 51). No obstante, el hecho de que las personas son llamadas a “volverse”, ya sea “a” o “de” implica que el pecado no es una mancha indeleble, sino que por volverse, lo cual es un poder dado por Dios, el pecador puede encaminar en otra dirección su destino. Hay dos maneras de comprender la conversión, como el acto soberano gratuito de la misericordia de Dios y el acto del hombre por medio del cual va más allá de la contrición y el lamentarse a una decisión consciente de volverse a Dios. Esto último incluye el repudio de todo el pecado y una confirmación de la voluntad total de Dios sobre la vida de uno”.
El vocabulario bíblico relacionado con el arrepentimiento es realmente rico. Encontramos el tema del arrepentimiento a través de toda la Biblia y expresa su idea aun cuando no se usa la palabra misma. En el AT, dos palabras hebreas, los verbos nacham y shub son traducidos con frecuencia
como arrepentimiento. The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament (Léxico hebreo y arameo del Antiguo Testamento) por Koehler, Baumgartner, Richardson y Stamm dice que nacham significa: “lamentarse, llegar a deplorar algo, arrepentirse” como en Job 42:6: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.” En su Commentary on the Old Testament(Comentario del Antiguo Testamento) Keil y Delitzsch comentan: “Nachames la expresión exacta de metanoeo, el dolor santo del arrepentimiento del que no se arrepiente. Se arrepiente (sentado) en polvo y cenizas al estilo de los que sufren el dolor profundo por la pérdida de un ser querido”. Con respecto a shub, que significa “volverse”, The Theological Wordbook of the OT dice: “La Biblia abunda en expresiones idiomáticas que describen la responsabilidad del hombre en el proceso de arrepentimiento. Tales frases incluyen los siguientes: ‘inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel’ (Jos. 24:23), ‘circuncidaos a Jehová’ (Jer. 4:4), ‘lava tu corazón de maldad’ (Jer. 4:14), ‘haced para vosotros barbecho’ (Os. 10:12), etc. No obstante, todas las expresiones de la actividad penitencial del hombre se suman y resumen en este verbo único: shub. Porque combina en sí, mejor que ningún otro verbo, los dos requisitos del arrepentimiento: volverse del mal y volverse hacia lo bueno.” Concluyen diciendo: “Es cierto que no hay en el Antiguo Testamento una definición sistemática de la doctrina del arrepentimiento. Mayormente, la Biblia lo describe (Salmo 51). No obstante, el hecho de que las personas son llamadas a “volverse”, ya sea “a” o “de” implica que el pecado no es una mancha indeleble, sino que por volverse, lo cual es un poder dado por Dios, el pecador puede encaminar en otra dirección su destino. Hay dos maneras de comprender la conversión, como el acto soberano gratuito de la misericordia de Dios y el acto del hombre por medio del cual va más allá de la contrición y el lamentarse a una decisión consciente de volverse a Dios. Esto último incluye el repudio de todo el pecado y una confirmación de la voluntad total de Dios sobre la vida de uno”.
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